Los muertos

¡Me perdí tantas veces hasta que descubrí la tierra de los muertos!

Allí lo comprendí todo y la paz inundó mi corazón. Logré reconciliarme con lo que yo había elegido recorrer bendiciéndolo de manera sincera sin autoengañarme como hasta ahora había vivido.

Desde que llegué aquí y entablé relaciones estables con ellos, vivo mi verdadera realidad. La misma que reside en ellos. Porque fueron ellos la que me la desvelaron. Ellos fueron mis maestros adentrándome en el misterio en comunión con ellos.

Yo me iba poco a poco impregnando de su sabiduría que había permanecido bajo la tierra esperando mi llegada para que la extrajera y la integrara.

Desenterrarla como se desentierra un tesoro que permanece siglos oculto.

Aunque ellos no podían articular palabra alguna, no me hacía falta; solo al sentir sus presencias fantasmales era tal mi excitación que todo mi cuerpo vibraba con ellos siendo parte de su propia historia. Mi recipiente material se engrandecía a extremos desorbitados sintiéndome ser una esfera infinita con todos ellos en mí. Sentía sus amables sonrisas permitiéndome entrar en sus hermosas casas, todas ajardinadas, con flores de intensos colores, enormes ventanales penetrando los rayos de sol en su interior.

En esos sagrados momentos, la muerte y la vida habitaban reconciliadas en mi corazón. Ellos me ayudaron. Aunque tardé bastante tiempo en experimentarlo. Para ello, una y otra vez compartíamos veladas colmadas de cervezas y risas cómplices comprometidas e indescifrables repletas de símbolos.

Ellos eran felices cuando yo estaba presente. Mis amigos los muertos me comprendían estando ya ausente en ellos sus idealizaciones. Cada encuentro me iluminaba. Siendo y no siendo al mismo tiempo, vida y muerte a la vez. Ellos y yo al mismo tiempo. Ese era el misterio. Y regresaba a mi casa reconciliándome con mi soledad.

No existe ninguno de ellos que una vez conocida su historia no permanezca dentro de mí aportándome su cristalino para ampliar mi visión. Ya son muchos de ellos los que miran desde mi interior expandiendo mi conciencia a sus propios universos vividos. Y me expando a mundos inexplorados confiando que ellos me acerquen al misterio del uno.

Y junto a ellos rezo cada día esta plegaria:

Aunque sé que no podré en vida descubrirte

también sé que buscándote podré vivir más cerca de ti

¡Oh, misterio!

Dame la confianza y la valentía para adentrarme en la oscuridad de la vida y de la muerte.

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