La reconciliación II

¡Oh, cuánto te he rechazado siendo tú mi protector,

mi centinela,

la sabiduría para que yo pudiera

ser y expresarme cómo soy!

¡Oh, mi guardián,

cuánto me has esperado

hasta que he comprendido

que no podré sobrevivir sin tu cuidado!

Si yo soy tu tesoro,

Tú lo eres para mí.

Caminemos pues de la mano

en armonía de ser yo en ti.