Pegaso y Minerva

PEGASO Y MINERVA 

I

¿Quién eres, ¡Oh, espada!, que constantemente me inquietas y me embriagas?

¿No seréis, musas, el río que fluye desde el inicio de las cavernas?

Decidme, ¡Oh, manos diestras de la inteligencia humana!,

¿Sois vosotras el arquetipo del cáliz que nos atraviesa?

Brújula, candileja o esencia

¿No es lo mismo, sino vino, el alma que me deleita?

Revélate ¡Oh, mi interior! en mi materia porque el sentirte me extasia y serena.

¡Rebosame en mi grial!, tu escanciadora es mi copa, aunque no discierna.

¡ Sáciame de ti para poder descifrar esta angustia que me enajena!.

Puesta vuestra cabecera en mi égida ya vuelo con Pegaso para poder cantar la belleza.

Minerva de ti  ¡Oh, espada!  Quisiera ser, para intentar expresaros sin la razón manifiesta.

II

Medusa de mi cabellera ¿Por qué reptas hacia el corazón para que tu huella duela?

¿No ves, que no se olvida la lira que  tus serpientes dejan?

¿Cómo abrir las rejas de tus estrellas?

Y medusa me contesta:

“Libera primero las ramas de la enredadera y abre la jaula de mis sirenas

suelta la cuerda de la cometa y no vuelvas tu cabeza cortada de sangre abierta

guerrera serás con tus poemas y el manantial rebosará del Pegaso de tus nereidas

y  mis alas serán tus alas en la inmensidad de mi cielo juntos de luna llena

y asiremos infinitos brazos la  corriente del hombre que nos impregna

venero del árbol del edén seremos sin saber  el porqué los ángeles sueñan.”

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