La verdadera armonía, es la que una vez renacida e nosotros, ya no se defiende, bajada todas sus espadas, quedándose desarmada.
Ya se encuentra su cuerpo desnudo y libre,
entregada entera a la tierra, entremezclándose con ella,
sin miedo a sus instintos más primitivos,
permitiendo que la savia la recorra por completo, brotando por todos sus poros.
Pura sensibilidad, éxtasis de la entrega a la espera de ser completada por su amado.
Arcilla es,
ablandándose y fundiéndose con el agua,
moldeándose en su cuerpo, abierta a su plena vitalidad,
colmándose de toda su voluptuosidad.
Abierta al placer del sentir,
sin nada que la proteja;
sólo ella, en su plenitud, es la ofrenda de su materia, de su propia naturaleza viva;
encina que reposa en el mar de lirios para consumir su unión con su espíritu.
La verdadera armonía, es la que una vez renacida e nosotros, ya no se defiende, bajada todas sus espadas, quedándose desarmada.
Ya se encuentra su cuerpo desnudo y libre,
entregada entera a la tierra, entremezclándose con ella,
sin miedo a sus instintos más primitivos,
permitiendo que la savia la recorra por completo, brotando por todos sus poros.
Pura sensibilidad, éxtasis de la entrega a la espera de ser completada por su amado.
Arcilla es,
ablandándose y fundiéndose con el agua,
moldeándose en su cuerpo, abierta a su plena vitalidad,
colmándose de toda su voluptuosidad.
Abierta al placer del sentir,
sin nada que la proteja;
sólo ella, en su plenitud, es la ofrenda de su materia, de su propia naturaleza viva;
encina que reposa en el mar de lirios para consumir su unión con su espíritu.