Nadie pertenece a nadie

vidaLa vida de Pablo Picasso

Nadie pertenece a nadie. Cuando despertamos estamos solos frente a la vida, observándola directamente: nacimiento, camino y el fin de ella. No somos de nadie: ni de tus padres, ni de tus hijos, ni de tus hermanos, ni de tu pareja, ni de tus amigos. Eres de ti solamente. Esto que digo no quiere decir que vivamos en soledad, ni que no queramos a las personas ni a la familia ni amigos, todo lo contrario. Al tener una mayor conciencia en la vida tienes mayor libertad interior y mayor capacidad de decisión de cómo y con quién quieres estar y compartir tu vida. También, en la ampliación de conciencia comprendes que amar a un círculo cerrado no tiene sentido. El círculo de amor se va ampliado en círculos concéntricos hasta el infinito a medida que va aumentando la conciencia y se tiende a ser una recta sin límite, porque se va amando a toda la humanidad. Y se siente la necesidad de amar a todas las personas incluso a aquellas que consideras enemigas (es difícil, lo sé, pero hay que intentarlo).

Lo finito y la pasión de Cristo

Cristo desclavado de la Cruz

Seguiremos vivos mientras vibremos girando sobre nuestro eje vertical, cálamo de Dios yacente en el Cristo igualitario.
La pasión recorriéndonos, sufrimiento y plenitud en la aceptación del destino con paz.
Como tú, Cristo, la vida, pasión de Cristo.
Intérvalo o entrenudo.
¡Aprendamos a aceptar nuestra mortalidad! ¡Aprendamos a morir en vida!
Difícil tarea. Cuando se ama la vida es inviable aceptar su pérdida.
Mortalidad implica pasión, vida. La eternidad implica muerte.
¿De qué sirve no morir si vives sin pasión, sin vibrar, sin sentir, si vives muerto?
¡Vibra!, ¡Vibra!,
¡Vibra en Dios!, ¡Vibra en tu ser!,
¡Vibra amando!¡Vibra con pasión sintiendo!.