Yo soy tú

Desnuda ya, abro la puerta

y puedo ver tu luz sin deslumbrarme y sin desaparecer en ella

porque ya tengo la consistencia que necesito para que tú seas en mí.

Porque yo soy eso

y no lo que creía ser tras ella.

He soltado todo aquello que me impedía sentirte en plenitud

trascendiendo lo que he ido encontrando en el camino.

Aquí permaneceré iluminada por ti viviendo en la tierra tras la puerta celeste ya abierta para siempre.

Empezaré a amarte…

Empezaré a amarte realmente cuando ya no te necesite

cuando no te utilice para obtener algo que me falta a mí

cuando aprenda a amarme a mí misma.

Empezaré a amarme cuando al conocerme a mí misma acepte toda mi imperfección y no la reniegue ocultándola tras mi personaje perfecto en busca de ser amada, aceptada y admirada,

Cuando no tenga miedo a errar haciendo las cosas tan bien como yo deseo. Ese temor consciente o inconsciente que me paraliza y que me boicotea constantemente incluso en sueños, diciendo que aún no estoy preparada para llevar a cabo aquello que deseo.

Cuando me perdone todos los errores cometidos en el pasado, una vez buceado en la película de toda mi vida;

Entonces,

Podré avanzar en el camino en humildad y plenitud junto a los demás dando realmente mi amor preparada ya para recibir en equidad el amor de los demás.

En ese momento,

me podré relacionar en el equilibrio feed back de aceptar y respetar los límites pedidos por los demás y expresar a los demás mis necesidades y límites,

porque ya podré sostenerme sola, porque ya me habré enraizado profundamente en mí, porque ya habré endurecido mi tronco con muchas capas concéntricas que protegerán mi esencia sin que impidan ser recorrida y saciada por ella, porque la humildad me habrá desenmascarado de la caricatura de mi vanidoso ego bajándome de su pedestal y podré ser espectadora fiel de mis propios comportamientos ridículos y grotescos permitiéndome así re- humanizarme entrando en el campo rojo de amapolas de la empatía, la paciencia y la tolerancia.

Los muertos

¡Me perdí tantas veces hasta que descubrí la tierra de los muertos!

Allí lo comprendí todo y la paz inundó mi corazón. Logré reconciliarme con lo que yo había elegido recorrer bendiciéndolo de manera sincera sin autoengañarme como hasta ahora había vivido.

Desde que llegué aquí y entablé relaciones estables con ellos, vivo mi verdadera realidad. La misma que reside en ellos. Porque fueron ellos la que me la desvelaron. Ellos fueron mis maestros adentrándome en el misterio en comunión con ellos.

Yo me iba poco a poco impregnando de su sabiduría que había permanecido bajo la tierra esperando mi llegada para que la extrajera y la integrara.

Desenterrarla como se desentierra un tesoro que permanece siglos oculto.

Aunque ellos no podían articular palabra alguna, no me hacía falta; solo al sentir sus presencias fantasmales era tal mi excitación que todo mi cuerpo vibraba con ellos siendo parte de su propia historia. Mi recipiente material se engrandecía a extremos desorbitados sintiéndome ser una esfera infinita con todos ellos en mí. Sentía sus amables sonrisas permitiéndome entrar en sus hermosas casas, todas ajardinadas, con flores de intensos colores, enormes ventanales penetrando los rayos de sol en su interior.

En esos sagrados momentos, la muerte y la vida habitaban reconciliadas en mi corazón. Ellos me ayudaron. Aunque tardé bastante tiempo en experimentarlo. Para ello, una y otra vez compartíamos veladas colmadas de cervezas y risas cómplices comprometidas e indescifrables repletas de símbolos.

Ellos eran felices cuando yo estaba presente. Mis amigos los muertos me comprendían estando ya ausente en ellos sus idealizaciones. Cada encuentro me iluminaba. Siendo y no siendo al mismo tiempo, vida y muerte a la vez. Ellos y yo al mismo tiempo. Ese era el misterio. Y regresaba a mi casa reconciliándome con mi soledad.

No existe ninguno de ellos que una vez conocida su historia no permanezca dentro de mí aportándome su cristalino para ampliar mi visión. Ya son muchos de ellos los que miran desde mi interior expandiendo mi conciencia a sus propios universos vividos. Y me expando a mundos inexplorados confiando que ellos me acerquen al misterio del uno.

Y junto a ellos rezo cada día esta plegaria:

Aunque sé que no podré en vida descubrirte

también sé que buscándote podré vivir más cerca de ti

¡Oh, misterio!

Dame la confianza y la valentía para adentrarme en la oscuridad de la vida y de la muerte.

El lugar más sagrado del templo

Existe un sitio en tu templo que es solo tuyo y de nadie más. El más sagrado. Es solo para ti. No sería viable que dejaras entrar a nadie más que a ti mismo, porque si lo haces, se adueñará de ti quien entre. No saldrá jamás . Y si la persona que penetra no es la adecuada y en su esencia solo hay maldad, quedarás atrapado con sus cuerdas siendo su marioneta. Ni tus manos, ni tus piernas ni tu cabeza podrán escapar de sus órdenes. Alerta debes estar. Con un infinito esfuerzo lograrás zafarte de él cortando sus cuerdas, pero ya, su imagen quedará tatuada con su sangre en tu piel. Esta será tu cruz si alguien pleno de maldad ha entrado en él.

El conectar con el alma hace que se desee compartirla por completo con todos abriendo el corazón de par en par. Esta actitud órfica sin límites es inmadura e infantil. Como la flor de loto, el alma es la belleza extrema, la sensibilidad espiritual de ser. Por eso, necesitamos saber que nivel de apertura anímica es la adecuada en cada momento de nuestra vida para poder sobrevivir.

Esto no quiere decir que cerremos nuestro corazón de par en par. Sino que las compuertas de nuestro cielo la abramos solo para aquellas personas que a través de nuestro discernimiento veamos que puedan ser capaces de percatarse de la belleza que existe en nuestro interior y que la respetarán por completo. El grado de apertura nos lo dará también nuestro discernimiento. Necesitamos tener presente que cada uno tiene un lugar reservado para sí mismo en su propio templo, el más sagrado en donde nadie puede acceder. Necesitando para ello la atención plena en todo momento.

El velado y el para qué

Vivimos en nuestra propia interpretación de la realidad y a medida que expandamos la conciencia vamos viendo esto y que nuestra versión no es la única. Hay tantas versiones como seres somos y cada uno vela con su propio inconsciente que es el que lleva el timón de nuestra justificación vital negando aquello que no nos gusta de nosotros proyectándolos en los demás y negando la capacidades propias de aquello que nos gusta de los demás y que no somos capaces de ver en nosotros. Descubrir nuestros verdaderos mecanismos, nuestros verdaderos fines, PARA QUÉ hacemos las cosas realmente, nos permitirá tener una visión menos sesgada viendo nuestras verdaderas intenciones y seremos menos manipulables por los demás y al mismo tiempo, manipularemos menos a los demás. Es el comienzo del autoconocimiento. Dejaremos de idolatrar porque sentiremos que somos iguales y al mismo tiempo diferentes, con la certeza que, de lo que me percato del otro, lo tengo para bien o para mal y este es mi propio trabajo de crecimiento. Cada uno tiene el suyo, caminamos en igualdad, no hay nadie superior o inferior. Puede ser que algunas personas estén más evolucionadas, pero eso no la hacen superiores a los demás. Si el ser que se cree evolucionado se siente superior y trata a los demás a ese nivel, debería plantearse esa creencia errónea y debería iniciar de nuevo el proceso porque no ha entendido nada de nada.

La soberbia de la nueva era de hombres deslumbrados por su propia luz imposibilita ver su propia oscuridad, para poder limpiar su lámpara, para alcanzar la pureza de su alma. Necesitamos apartarnos de la posible soberbia y desde la humildad y por la misericordia a nosotros mismos amarnos tal como somos con toda nuestra oscuridad. Conocerse a uno mismo viendo en cada momento nuestras verdaderas intenciones, nuestros verdaderos para qué, nos bajará del pedestal, nos humanizará, nos empatizará con los demás y nos posibilitará caminar por el sendero de nuestra purificación para poder sentir a nuestro ser espiritual. Vivimos en una continua elección de pensamientos y de acciones. Y en cada una de ellas tenemos la oportunidad de acercarnos a nuestro espíritu o alejarnos de él. Cada momento es crucial. Necesitamos la atención plena en cada pensamiento y en cada obra para elegir desde nuestro espíritu y no desde nuestra oscuridad. Porque somos la posibilidad de ser nuestra oscuridad y de ser el espíritu en nosotros. Y así, poco a poco, si estamos alerta el espíritu descenderá en plenitud sobre nosotros y habitará en todos los puntos de la tierra.

¡Oh, padre!

Ábreme la conciencia a todo aquello que en mí me aleja de ti

¿ Cómo podré recibirte y contenerte si no me vacío de mi oscuridad?

Con ella en mí, no tendré espacio material para cobijarte.

Necesito entonces retirar en mí todo aquello que no eres tú.

Idolatría

Tendemos a idolatrar sin valorar el poder interior propio. Sin darnos cuenta que lo que se idolatra ya lo tenemos aunque dormido en nuestro interior. Solo necesitamos reactivarlo para poderlo expresar despertando a lo que nuestro yo es. Cuando dejemos de hacerlo, nuestro pilar se engrandecerá para ser igual a lo que idolatramos, porque podremos hacerlo germinar en nosotros. La idolatría crea dependencia a ella y nos pone en la posición de sumisión ante sus deseos debilitándonos. Nada nos hace más feliz que hacer feliz al ser idolatrado. Nada nos hace más feliz que el ser idolatrado nos dedique parte de su tiempo. Nada nos hace más feliz que el ser idolatrado nos tenga en cuenta.

Y en el juego de las idolatrías las manipulaciones son muy frecuentes. Alerta necesitamos estar por la posibilidad de entrar en grupos sectarios donde se mueven a nivel piramidal. La necesidad humana innata de pertenecer a un grupo y ser reconocido por el mismo juega un papel importante en cualquier grupo sectario.

Si nuestro pilar como persona individual no está fortalecido, el que desee manipularnos dentro del grupo podrá hacerlo inversamente proporcional a la consistencia del mismo. Es decir, a mayor consistencia, menor manipulación, menor dependencia y mayor salud en las relaciones en equidad.

El juego de la idolatría empodera al idolatrado a distintos niveles, que en grados extremos se les llega a divinizar. Los más próximos o favoritos de éste adquieren también poder. Así se inicia la pirámide de poderes y la consiguiente pirámide de favores. La diferencia entre los favorecidos, los más próximos al idolatrado y los desfavorecidos que serán aquellos que el idolatrado decida por alguna causa distanciarlo del grupo (acrecentando enormemente su poder) determina qué nivel de poder tienes dentro de la pirámide. Así el poder se va acentuando en unos y disminuyendo en otros.

No hace falta irnos al caso más extremo, las sectas; porque en general, en cualquier grupo de cualquier tipo existe una jerarquía y esto origina la pirámide que va originando la diferencia de poder. Y en menor o mayor escala, siempre se juega en esa pirámide donde se crea el poder de unos y la dependencia de otros, porque el que está más arriba puede decidir quien se puede favorecer o perjudicar debajo de su nivel. Eso es el poder.

Por tanto:

NO,

A LA IDOLATRÍA, NO AL ABUSO DE PODER Y NO A LA DEPENDENCIA DE PERTENENCIA A CUALQUIER GRUPO.

Y

SI,

A LA LIBERTAD DE SER CADA UNO LO QUE ES RESPETANDO A LOS DEMÁS QUE SEAN LO QUE SON Y SI A LA EQUIDAD DE TODOS EN CUALQUIER GRUPO O EN CUALQUIER CIRCUNSTANCIA VITAL.

La cosificación y los enemigos

Hay seres que cosifican a los demás para beneficiarse manipulándolos emocionalmente . Y hay seres, que dan sin esperar nada a cambio, sin darse cuenta que su alma se deseca. Son los dos extremos en el abanico infinito de posibilidades del comportamiento humano. Y peligro de muerte si se encuentran estos dos extremos por el camino.

* El dar sin límites y no recibir nada a cambio tiene consecuencias casi irreparables.

Igual que el cuerpo físico necesita comer para obtener la energía para vivir; el alma, necesita alimentarse de energía psíquica para vivir, porque si no la recibe, muere de extenuación. Por eso, el idealismo de la posibilidad de dar sin recibir aquí en la tierra no es viable. Una vez muertos podremos darnos sin límites, aquí, necesitamos los límites para conseguir un equilibrio entre el dar y el recibir que nos permita que el alma no muera. La misericordia de la Jesed es posible en la tierra si se protege con la severidad de la Geburáh.

* El pragmático cosifica a los demás para obtener beneficios emocionales, energéticos o físicos( económicos o sexuales).

Con independencia de nuestras acciones siempre tendremos enemigos. Hay de dos tipos. Los que se manifiestan y lo expresan con su mirada y con sus actos. Y los que son como el lobo-abuela de caperucita roja. En el segundo caso, es difícil distinguirlos. Solo una atención plena, nos despertará de sus verdaderas intenciones antes que nos coman con sus enormes bocas.

Necesitamos discernir quien es nuestro enemigo y qué tipo de manipulación ejerce sobre nosotros. Al percatarnos que una persona es nuestro enemigo necesitamos por el amor a nosotros mismos alejarnos de ellos. Permanecer en el lugar donde nos pueden hacer daño emocional, físico o de cualquier índole es masoquismo y faltarnos el respeto, no cuidarnos . Somos templos sagrados y nuestro fin es cuidarlo amorosamente. Por eso, un idealismo extremo donde se crea que es posible permanecer conviviendo amorosamente con nuestros enemigos, que conseguiremos algún día su amor, no es viable. Si no podemos alejarnos del peligro, la evitación, la indiferencia y solicitar ayuda externa y de la justicia es nuestra opción. La verdadera justicia consigue nivelar la balanza.

La ceguera inconsciente nos hace negar aquello que vemos y no queremos ver porque no podríamos sostener esta realidad dolorosa: cualquier ser que es querido y que es un verdadero enemigo. Necesitamos despertar a esta realidad y tener el valor suficiente para cuidarnos de ellos. La necesidad inconsciente de amor que tenemos todos y el miedo consciente o inconsciente a perder a ese ser, nos juega estas malas pasadas, y vamos justificando al enemigo que tenemos en casa o en las proximidades.

En nuestra ceguera inconsciente, los enemigos que más quieres serán los más peligrosos. Ellos saben de nuestra dependencia y jugarán a darnos en cuentagotas para que nuestra agonía de recibir su limosna sea permanente y nunca muera nuestro deseo. Y así consiguen que, en el momento que recibamos sus desperdicios plenos de podredumbre, seremos inmensamente felices y agradecidos justificando sus anteriores actos manteniendo en nosotros viva la esperanza de su posible cambio de actitud . Y continuará así, el siguiente capítulo de nuestra historia interminable de autodestrucción masoquista inconsciente hasta que tomemos cartas sobre el asunto.

El mal

Yo soy en cada momento lo que elijo ser entre mis posibilidades, mis potenciales. Yo soy la posibilidad del bien y del mal. Yo soy lo que “elijo” sin libertad automáticamente desde mi inconsciente o lo que elijo libremente desde mi conciencia despierta. Y en cada elección ya no soy lo que fui en mi anterior elección. Esa es la bendición de la posibilidad de nuestra redención. Cuando actúo erróneamente de manera inconsciente después con la mente consciente justifico estos actos contradictorios.

El yo siempre auto justifica su maldad interpretando sus actos subjetivamente a su favor proyectando su culpa sobre el exterior.

Solo desde la atención plena, podremos darnos cuenta de nuestra propia oscuridad. A medida que profundizamos en nosotros mismos, en nuestra zona abisal, es donde no nos es posible salir sin enfangarnos con nuestra podredumbre, heridos de muerte por el dolor al vernos tal cual somos, con la negra maldad inherente a la materia. En ese momento iniciamos la posibilidad de redención en la siguiente elección. Nuestra posible transformación hacia la bondad que está también inherente en nosotros, nuestra alma oculta que espera salir. Cada nueva elección es una nueva posibilidad de redención. Ahora es el momento de despertarla.

Solo podremos percatarnos de nuestra propia maldad en el descentramiento de nuestro yo, en su propio vaciamiento. Al vaciarnos, podremos mirar otras historias que no sean la nuestra donde todo ronda sobre nosotros conspirando contra o a favor de “nuestro pobre yo”. Cuando nos vaciamos de nuestro yo, nuestra conciencia se expande aumentando nuestra atención. Y así, la versión de nuestra película como único protagonista va cambiando a una película con infinidad de protagonistas. Existen otras personas que sufren a parte de mí.

La maldad hacia los demás nunca tiene justificación. Mientras justifiquemos nuestros actos que han causado daño al otro no tendremos posibilidad alguna del perdón a pesar de que lo digamos de palabra. La palabra no tiene valor alguno si no es sentido el verdadero arrepentimiento. Solo comprenderemos el dolor causado a los demás cuando no justifiquemos el acto que lo causó, cuando veamos la realidad sin nuestro velo de autoengaño de nuestra falsa bondad. Cuando entremos realmente a nuestra noche oscura, cuando veamos nuestra propia “viga” sin velo ni justificación, aquí en este vacío doloso e insoportable es cuando llega la gracia del verdadero arrepentimiento que posibilitará la verdadera redención. Y en ese momento empatizaremos con la víctima sintiendo su propio dolor causado por nosotros.

Solo podrá existir el perdón desde el arrepentimiento y este solo es posible si vemos la realidad descentrados de nuestro yo viendo nuestra película vital desde el exterior en donde no es posible justificar nuestros actos que causen mal a los demás.

Ya el perdonarse a uno mismo viendo la realidad sin velo y el amarse a uno mismo sin autoengaños aceptándonos tal y como somos con nuestra parte oscura es un proceso arduo.

Y una vez que se consigue ese escalón se inicia de nuevo el llenado de nuestro yo desde nuestra verdadera esencia, desde nuestra alma. Con la conciencia despierta y en atención plena ya nunca nos autoengañaremos sino que nos percataremos el para qué de nuestros actos y esto posibilitará reconducirnos en cada momento. Esa es la gracia del despertar a la verdad. La gracia de ver que nosotros en cada momento somos una posibilidad de elección entre el bien y el mal. Esa es la libertad de nuestro libre albedrío. No seremos pues libres de elegir sino nos desprendemos de nuestro inconsciente. Aunque siempre queda inconsciente, si lo mantenemos bajo mínimo y en atención plena podremos ser cada vez más libres.

Sentir y pensar

¿Qué es primero pensar o sentir?

Tras un trabajo personal de liberación del inconsciente, el sentir y el pensar van de la mano y las contradicciones desaparecen entre lo que sentimos y lo que pensamos porque nuestros actos proceden entonces de nuestra conciencia expandida una vez integrada la energía psíquica bloqueada inconscientemente. Desprenderse de este velo, es la autenticidad, la libertad de ser nosotros mismos sin auto engañarnos arrogantemente justificando los actos originados por nuestra oscuridad porque ya está en nuestra conciencia despierta. Así, en humildad podremos aceptar nuestra animalidad y humanidad. Y así, a través de nuestra misericordia, podremos amarnos a nosotros mismos a pesar de la oscuridad que vemos de nosotros mismos. Así, podremos elegir libremente en cada momento qué bifurcación del camino es la justa. Conocer que en mí está el santo y el sádico, que en mí está el humilde y el arrogante, que en mí está todo lo bueno y todo lo malo. Soy solo la posibilidad de ser ambas cosas y solo es la elección desde mi conciencia despierta la que me posibilita no perderme en mi oscuridad.

Durante el proceso de crecimiento interior es necesario también estar alerta ante el incremento de la autoestima para que no se desvíe hacia una soberbia de autoidolatría deslumbrado por la propia luz que uno va descubriendo en su interior porque le deslumbrará tanto que le imposibilitará ver su propia oscuridad para seguir acercándose a la pureza de su alma. Por eso la humildad es tan necesaria en el camino del autoconocimiento.

Al sentir sin bloqueos inconscientes, nuestra energía psíquica será plena y la pasión recorrerá nuestras venas en todo lo que hagamos. Ella es la fuerza vital para avivar y mantener la búsqueda hacia trascendencia y paradójicamente es la que puede hacer que nos desviemos de este fin. Porque la dependencia emocional a sentir busca conseguir experiencias de similar intensidad y puede que este fin prevalezca a los medios para conseguirlos.

Ya abierto el corazón podremos sentir sin bloqueos inconscientes que nos desvirtúan la realidad. Nuestra mente desde el primer momento alerta podrá discernir entonces: qué siento, el por qué, cual son las circunstancias que la ocasionan, si existe un fin escondido, la utilidad y los perjuicios para uno mismo y para los demás, la justicia en el hecho que lo causa, quien tiene la razón ante los hechos y justamente quien es el perjudicado y quien es el causante del daño/beneficio y justamente qué acción debo realizar como respuesta y si la emoción sentida es la adecuada para llevar a cabo la misma y si me compensa o no. Mi emoción irá de la mano guiada en la justicia y la verdad por mi pensamiento. Mi pensamiento aplacará en la justa medida mi pasión sentida. Es el equilibrio aúreo de la conciencia de ser uno mismo sin máscaras.

Sentir sin autorregulación racional llegaría a desintegrarme si las condiciones no son las adecuadas, no se puede estar en estado de éxtasis permanente sin identidad alguna ni se puede sobrevivir permaneciendo en emociones tóxicas demasiado tiempo. La conciencia despierta me permite sentir el máximo éxtasis viable, permanecer en emociones negativas el tiempo justo y necesario para resolver con plena justicia los conflictos a los que me enfrento en el día día sin descompensar la balanza ni a mi favor ni en mi contra.