Desde Epicuro

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El ser divino, bienaventurado e incorruptible, no tiene problemas ni se los crea a otros. Así, no se deja coaccionar ni por furias ni por favores, pues solo un ser débil está a merced de tales coacciones.

El sabio ni desea la vida ni rehuye de dejarla, porque para él vivir ni es un mal ni considera que lo sea la muerte. Así como entre los alimentos no escoge los más abundantes sino los más agradables, del mismo modo disfruta no del tiempo más largo, sino del más intenso placer.

Entre la desvergüenza descarada y la dependencia del que dirán, hay que encontrar un punto medio.

 Si solamente deseas lo que tienes estarás muy cerca de los dioses. Una vida colmada de apegos refleja una gran pobreza de espíritu.

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